
Catàleg de Fulles nace tras años de experiencia personal en el contexto de las artes visuales y la música, así como de explorar la cultura del té —tanto a nivel amateur como profesional—. Este proyecto busca encontrar puntos de conexión entre estas prácticas, entendiendo el té como un eje para el aprendizaje colectivo, la experimentación y el intercambio de saberes. Nuestra experiencia previa con proyectos como anomia.info —trabajando en la creación y la difusión de conocimiento desde lo colectivo y lo no convencional— sigue influyendo en cómo abordamos este nuevo camino: con la misma curiosidad, el mismo respeto por los procesos y la misma conciencia de que el saber se construye entre todos.
Es un espacio donde aprender juntos sobre el té y otras plantas locales, indagando en sus usos —culturales, medicinales, gastronómicos— desde la práctica, la curiosidad y el intercambio. Nos importa el té en sí —su sabor, su historia, sus matices—, pero lo que realmente nos interesa es su capacidad para tejer comunidad: cómo reúne a las personas, cómo permite fomentar el cuidado colectivo y cómo, al igual que las plantas medicinales, se convierte en una herramienta para fortalecer vínculos y saberes compartidos. No hay expertos, sino curiosos que compartimos lo que vamos descubriendo, sin pretensiones de tener respuestas para todas las preguntas.
Catàleg de Fulles ofrece tés de mucha calidad, pero no busca competir en el mercado ni crecer económicamente. Eso sí, es indispensable mantener un balance económico suficiente que permita al proyecto seguir adelante, sin perder de vista lo que realmente es importante. Para ello es necesario conocer y controlar la procedencia de lo que compartimos, priorizando relaciones directas con quienes cultivan y cosechan, y asegurándonos de que nuestro trabajo no contribuya a la explotación humana ni planetaria. Reconocemos, sin embargo, que nuestra práctica no está exenta de contradicciones: desde la tensión entre lo global y lo local hasta la dificultad de abordar la tradición del té sin caer en apropiaciones culturales. Aun así, mantenemos una vocación clara por actuar con respeto, aprender de los procesos y cuestionarnos constantemente.
Nuestros talleres y encuentros no siguen un formato rígido. No hay ceremonias ni protocolos, porque no nos consideramos capacitados para guiarlas. En cambio, compartimos té, hablamos de lo que sabemos —y también de lo que no— y dejamos que las conversaciones fluyan con naturalidad. No buscamos atraer a un público específico: el té es para quien quiera acercarse, sin necesidad de conocimientos previos ni intereses elitistas.
Nos gusta pensar en el té como una herramienta para aprender, no para marcar distancias. Nos interesa descubrir nuevas variedades, investigar sus historias y compartir esos hallazgos con otros. No pretendemos ser una referencia absoluta, ni buscamos escalar o ampliar el proyecto más allá de lo que nos permite mantener este enfoque cercano y honesto. Cuanto más aprendemos, más nos damos cuenta de lo mucho que nos queda por saber, y eso nos resulta emocionante.
Al final, lo que nos mueve es el té como parte de la vida cotidiana: conectado con las personas, las culturas y el mundo que habitamos. No es un escape de la realidad, sino una forma de entenderla mejor, con sus matices y contradicciones.